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RUMBAS DE ASFALTO EN EL CINTURÓN ROJO
David
y José Muñoz son dos jóvenes de Cornellà, en la periferia industrial
de Barcelona, que con el nombre artístico de Estopa han publicado su
primer disco, una mezcla de estilos callejeros que se ha convertido en el
bombazo del otoño del 99.
Si
se sale de Barcelona por la carretera que lleva a Sant Just y se toma el
oportuno desvío antes de llegar a esta población, se entra en un
entramado continuo de bloques de edificios clónicos como colmenas que nos
llevan hasta Cornellà. Esta población creció, como tantas otras, de un
modo brutal e improvisado en los años sesenta, durante la industrialización
franquista.
Tanto
al sur como al norte de la ciudad condal, lo que antaño fueron pequeños
pueblos de raigambre catalana y mentalidad rural, se convirtieron en pocos
años en monstruosas ciudades dormitorio donde convivían gente de las más
diversas culturas del estado español: extremeños, andaluces, asturianos,
gallegos, castellanos nuevos y viejos, murcianos... En resumen, todo lo
que en aquel entonces constituía la España pobre, y que era la mayoría
del territorio menos Madrid, Bilbao y Barcelona. De esta amplia e informe
franja de asfalto, en lo que se dio a llamar el cinturón rojo por el
porcentaje de votos que socialistas y comunistas han cosechado
tradicionalmente, forma parte Cornellà. Allí es donde nacieron David y
José Manuel Muñoz, componentes de Estopa, dúo que acaba de publicar su
primer y homónimo disco en BMG Ariola con la producción de Sergio
Castillo y con unos músicos de primera fila: José A. Romero, Juan Maya,
Paco Bastante, Chonchi Heredia y Jaime Asúa.
Doce
horas con Los Chichos David
y José son hijos de un inmigrante extremeño que, cuando eran pequeños,
cruzaba cada verano transversalmente España para pasar las vacaciones en
su pueblo natal de Badajoz. "Eran
doce horas de coche en las que el viejo nos ponía continuamente cintas de
Los Chichos; era traumático, pero al final terminó por influenciarnos
tanto que le hemos hecho una canción de homenaje al Jero".
David, compositor del dúo y primera voz, se refiere al tema "El del
medio de Los Chichos", una emotiva rumba del corte de las que a
finales de los setenta componía el homenajeado Jero, muerto hace cuatro años
al lanzarse desde el balcón de su casa. "El
Jero era un tío cojonudo", tercia José, "tenía
unas letras que te cagas, de esas que le ponen a uno la carne de
gallina".
Los
chivatos del barrio Tal
vez por canciones como ésta y el ritmo rumbero que emana todo el disco,
se ha dado llamar a Estopa -"Estopa
significa caña; en la fábrica decíamos todo el rato dale estopa cuando
currábamos y de ahí tomamos el nombre"- Los Chichos del siglo
XXI. Pero ello resulta un simplismo. Las canciones de estos dos ex
soldadores de una fábrica de piezas para automóvil de Arbrera llevan,
tanto en sus letras como en los ritmos, mucho más que aquella rumba
social que hizo furor en los barrios periféricos de Madrid y Barcelona en
los primeros ochenta. "Es que
han pasado muchos años desde entonces y las cosas han cambiado",
explica José. "Pero nosotros
también contamos lo que vemos, como lo hacían Los Chichos, en nuestro
entorno inmediato; somos los chivatos del barrio", bromea David y
ambos hermanos se ríen llevados de una traviesa complicidad al estilo de
Beavis y Buthead.
A
pesar del tono irónico y festivo que exponen, la verdad es que la crudeza
de alguna de sus letras, como "Exiliado en el lavado" les
acercan a bandas más radicales, como Extremoduro. Se trata de un tema que
relata la adicción de un amigo a la cocaína y su degeneración.
"Es verdad que se nos compara con las letras de Robe (cantante de
Extremoduro), pero es que él es extremeño, como nuestra familia".
Reconocen que Extremoduro les ha influenciado mucho -"un
vecino que escuchaba los discos de Extremoduro nos pasó unos cuantos y
flipamos"-, pero también reconocen en Albert Pla a uno de sus
mentores: "Albert Pla es un
cachondo que canta como los calorros y nos mola cantidá ese tonillo vacilón
que tienen sus rumbas".
El
día en que se jodió el loro "Ya
cantábamos antes de que se jodiera el loro
(radiocassete) de casa, pero el día
en que pillamos la guitarra y comenzamos a hacer canciones fue aquel en
que el loro no dio más de sí. Directamente pasamos de comprar otro. Nos
dijimos: si no tenemos música nos la haremos nosotros. La primera canción
la dedicamos a un canario que acababa de escaparse.
Así
relata David los comienzos musicales de Estopa. Luego vendría "el
vicio de pasarnos las horas inventando letras y poniéndole música",
y las largas horas de trabajo mecánico en la fábrica. "Teníamos
doce horas para pensar, porque el trabajo era todo automático, allí,
cantando el uno a diez metros del otro, compusimos ocho de las doce
canciones del disco". Y tienen muchas más esperando a ser
plasmadas en sucesivos discos, unas cincuenta, asegura David. Así,
improvisando en la fábrica y donde quiera que estuvieran, jugando con el
castellano -"que es una cosa
que nos encanta"- de un modo original, fueron puliendo el estilo
Estopa, una mezcla de múltiples influencias que van desde el rap, del que
David es fanático -"pero del
español, ¿eh?"-, a la rumba catalana -"es
que es un estilo autóctono y nosotros somos catalanes y del Barça de la
cabeza a los pies, pero no catalanistas"-, pasando por el rock y
los ritmos flamencos. Lo suyo es el mestizaje que se respira en Cornellà,
la multitud de acentos castellanos que tras dos generaciones tienen un
deje catalán, la jerga que se habla en los bares de carajillo y tapa de
chipirones y en las calles de su barrio, San Ildefonso. Al igual que ese
rumbeo heredero de Los Amaya y de Peret (gitanos catalanes de pura cepa)
que se siente en cada canción, Estopa son el resumen de esa otra
Barcelona chisposa y mestiza -"calorra,
porque lo que nos mola es el estilo calorro, que no es chungo pero sí
alegre y desenfadado"- que conserva el sabor que la capital
posmoderna ha perdido tras su remodelación olímpica.
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