ESTOPA VA MÁS ALLÁ
(El Periódico de Catalunya 23 de Octubre de 2005)

Cuando David y Jose Muñoz, Estopa, firmaron recientemente un contrato de patrocinio con Nintendo España, los responsables de la empresa de consolas les instaron a componer una canción sobre el mundo de los videojuegos para emplearla en un spot y, quizá, incluirla en su próximo disco. Al día siguiente, David Muñoz llamó a la compañía: 'Ya la tenemos'. No sólo la habían compuesto, sino que la habían grabado. La gente de Nintendo no daba crédito.
Así nació la leyenda de que los hermanos Muñoz eran los reyes de la canción por encargo. Una máquina capaz de escribir, interpretar y empaquetar una composición sobre cualquier tema en apenas 24 horas. Hasta que David deshizo el malentendido: en realidad, la canción, que incluye versos como <<a veces me fundiría con una Nintendo/ a veces me pasaría el día siempre en punto muerto>>, estaba ya incluida en la primera maqueta del dúo, grabada en 1999. Entonces se llamaba La vida es la hostia; ahora rebautizada como Monstruos, es una de las 12 canciones que componen el nuevo disco de Estopa, Voces de Ultrarumba, a la venta el próximo 22 de Noviembre.


Jose Muñoz, durante las mezclas del nuevo disco

FINITO DE CORNELLÁ
El título responde a la historia que David y Jose Muñoz desarrollan en la portada y en el libreto interior del CD, en los que aparecen asistiendo al espectáculo de un esquelético rumbero de ultratumba apodado Finito de Cornellá. Pero también admite una interpretación en clave musical: en su cuarto disco, Estopa sube la apuesta por ese maridaje de rumba y rock que ha sido fuente de inspiración para fenómenos de temporada como Melendi y El Arrebato, pero se aventura un paso más allá y llama a las puertas de géneros como el pop, el bolero, la bossanova, el reggae y el rap. <<Es un disco que tiene muchos colores -señala Jose Muñoz-, aunque la esencia es la misma de siempre: canciones rockeras con rumba>>.
Después de grabar entre Barcelona y Madrid, el dúo catalán anda estos días acabando de mezclar las canciones de Voces de Ultrarumba en los despampanantes estudios PKO, situados en la lujosa urbanización Las Lomas de Boadilla del Monte. Allí, rodeados de confort y acompañados por el mismo equipo de producción de ¿La calle es tuya? - Pancho Varona, José Antonio Romero y Antonio García de Diego-, David y Jose Muñoz hacen un paréntesis en su apretada jornada para presentar a El Periódico sus nuevas canciones. Son éstas:

Malabares. La frase <<esto es Estopa>> abre el disco y sirve de introducción a este irresistible número de rock rumbero marca de la casa con una percusión de batucada y una brillante guitarra de Antonio García de Diego. <<Arranca duro>>, observa David. Bien cierto.

Qué suerte la mía. El dúo pisa el freno. <<Esto es una rumba de arriba a abajo>>, comenta Jose. Es verdad, aunque a veces se dan un aire latino y en una estrofa lanzan un guiño al Hotel California de los Eagles. <<Es la favorita de nuestro viejo>>.

Vacaciones. Elegida por la compañía como primer sencillo, ha empezado a sonar en algunas radios este fin de semana. <<Es nuestro color más popero>>, apunta Jose. La letra, una de las más certeras del disco, incluye toda una declaración de intenciones: <<No queremos cambiar de rumbo/ con los pies en el subsuelo/ y si la cosa se tuerce/pues cogemos y nos vamos pa'l pueblo>>.

Ninguna parte. Un ritmo de bossanova sostiene la canción menos estopera del disco. Visiones nocturnas y taxis sin destino. <<Ésta es para conducir de noche entre luces amarillas>>, comenta David de forma algo enigmática. García de Diego aporta un solo de lo más satanero.

Lunes. La canción que no sonará en Radiolé. Un medio tiempo marcado por una guitarra heavy a más no poder. El chascarrillo final lo confirma. <<Desde que escuché heavy metal -dice una voz-, es algo que está dentro de mí>>.

Fábricas de sueños. Una rumba de manual aderezada con gotas de rock latino. La letra incluye uno de esos hallazgos verbales que elevan por encima de la media la poesía de barrio de los hermanos Muñoz: <<Nos la dan con queso y queremos jamón>>. Menudo lema.

Monstruos. En todos los discos de Estopa hay alguna pieza rescatada de su legendaria primera maqueta. Ésta es una. David y Jose sonríen cada vez que suena la alusión a la consola Nintendo, pero la letra es de las de arrancarse la camisa. <<Si es que la vida es la hostia/ yo no sé por qué estoy triste>>. Puro desgarro rumbero.

No quiero verla más. El momento Chichos. Es fácil entender por qué es la preferida tanto de David como de Jose. Canciones como ésta, con esa poderosa aleación de rock y rumba y esos cambios de ritmo concebidos para arrasar los polideportivos de toda España, hicieron grande a Estopa. En el estudio madrileño, los hermano Muñoz se divierten cambiando la letra del estribillo y cantando <<no quiero ver la Mahou>>.

A mí me gusta. Otra pieza singular. Empieza a ritmo de swing, muta en un reggae, se convierte en una rumba y acaba invitando a la danza del vientre con un arreglo de cuerda de inequívoca inspiración magrebí. Más versos para una futura antología estoparia: <<Vete poniendo el traje de ilusión/ que yo me pongo el de hombre araña>>.

Gulere, gulere. O, como la llaman David y Jose, <<la de los porros>>. Una rumba canábica en la que el dúo de Cornellá lanza una mirada certera a sus compañeros de generación. A la orgullosa declaración del estribillo <<a mí me gustan los porros/ me gustan los canutillos>> le sigue un contradictorio acto de contrición, resuelto de manera brillante: <<Ahora me estoy desquitando, me estoy resacando brillo>>. Suena a momento álgido en los conciertos de la gira.

Ni pa ti ni pa mí. La voz principal es la de Jose. <<Óyelo, parece Junco>>, se chotea su hermano. La cosa empieza como un bolero -los Muñoz se declaran fervientes admiradores de Antonio Machín-, pasa por un arreglo orquestal y desemboca en una frenética rumba catalana con el ventilador echando chispas.

Paseo. Es la que cierra el disco. <<Sería un gran anuncio de Amstel -analiza David- si la letra no dijera puta borrachera. Ahí la cagamos>>. Pues eso. Un himno vikingo en toda regla que invita al consumo inmoderado de cerveza. Tiene unos coros de clara inspiración hooligan en los que participan Andreu Buenafuente, Santi Millán, Fernando Tejero y Manel Fuentes. No quiero ni pensar lo que puede ser en directo.


Al otro lado del cristal David canta con su amiga Laura. El reflejo de Jose los observa.

LA GRABACIÓN. UNAS ESTRELLAS <<SIN ROLLOS RAROS>>
Han vendido 2,7 millones de ejemplares de los tres discos anteriores. En la última gira hicieron hasta 70 actuaciones, con llenos cada noche. Han ganado dinero. Mucho. Y ahí siguen, fieles a sus gustos, a su gente y a sí mismos. Podrían tener casas en el Empordà, o en la Cerdanya, o incluso en Miami, pero ellos prefieren seguir viviendo en el Baiz Llobregat y pasar el verano entre Cunit y Zarza Capilla (Badajoz), como han hecho toda la vida.
Y con esta misma naturalidad Estopa graba sus discos. La primera fase transcurre en el salón de la casa de David, los dos hermanos con sus guitarras, mirándose a la cara. Cuando tienen suficientes canciones, se trasladan a una minúscula habitación que sus padres tienen en Sant Feliu de Llobregat. Allí está Estopa Producciones, su estudio de bolsillo.
Con la ayuda del Pro Tools (un software para grabar y mezclar música), de un ingeniero de sonido (Marc Blades) y un teclado en el que las notas están señaladas con papelitos, los Muñoz completan las maquetas del disco. Para grabar las bases y mezclar se van a Madrid, pero las voces las ponen en un estudio de Esplugues de Llobregat. <<A dos minutos andando desde casa -apunta David-. Te levantas por la mañana y en vez de ir al bar, vas al estudio. Como la cosa más normal del mundo. Sin rollos raros>>.

                         

(Rafael Tapounet/Madrid)

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